sábado, 26 de agosto de 2017

El riesgo de nunca llegar a leer ni escribir bien. Del "learning by doing" al "learning by reading".

Si naciste después de 1995, muy especialmente si fue a partir de 2010, corres el riesgo de que nunca llegues a saber leer ni escribir bien del todo.


Está de moda decir que los alumnos aprendéis mejor “by doing”, haciendo cosas. En cambio, no está de moda explicar que esto -en no poca medida- es consecuencia de que os cuenta mucho aprender “by reading”, leyendo. Ni tampoco está de moda admitir que esto es el efecto nocivo de vuestra nativa condición digital, que no está siendo correctamente educada.

Te escribo este post en la esperanza de que tus padres y profesores lo lean, lo atiendan, lo entiendan y obren en consecuencia.

Y en la esperanza también de que tú mismo, más pronto que tarde, lo quieras leer y lo puedas comprender.
Durante unos pocos de miles de años, apenas nada en el cómputo total la historia de humana, la escritura y la lectura han sido el prodigio tecnológico que más inteligente ha hecho al propio hombre.

El que esto suceda será la mejor prueba de que los pronósticos, sobre todo los que nos auguran malos tiempos, no están dichos de antemano para que pasivamente aguardemos su sórdido cumplimiento; sino para que inteligentemente nos rebelemos contra ellos.

Los sociólogos son dados a poner etiquetas a las generaciones para distinguirlas unas de otras, según sean sus rasgos dominantes. Últimamente, se habla de la Generación Z para referirse a los nacidos entre 1995 y 2010. Antes se habló de la Generación X y la Generación Y. Observa en la imagen de arriba que la profusión de términos técnicos es enorme. Ésta es la impronta de la Generación Z. Una generación hipertecnologizada.

Tu generación -tanto da que seas de la mencionada Generación Z como de la generación siguiente, aún naciente y sin identificar por los sociólogos- corre el riesgo de ser analfabeta funcional.

A partir del último tercio del siglo XX, las sociedades occidentales alfabetizadas se han vuelto analfabetas funcionales. Sus ciudadanos sólo saben leer y escribir en un grado cada vez más elemental de complejidad. En ello está teniendo mucho que ver el impacto que el uso de las "pantallas" tiene en la "masa tecnologizada", que apenas siente la necesidad de leer y de escribir para desenvolverse solventemente en su vida cotidiana: ni siquiera en las escuelas en donde, so pretexto de acometer en las aulas la revolución digital, los propios educadores buscan "atajos de aprendizaje" en los que la pericia en la lectura y la escritura se hace crecientemente irrelevante.

Es decir, corres el riesgo de pertenecer a una generación de “nativos digitales” que nunca llegará a aprender a leer y a escribir bien del todo, y ello pese a que los primeros cursos de estancia en el colegio estén -como ha sido siempre- principalmente dedicados a su alfabetización.

El impacto de la tecnología es uno de los factores que más determinan la dinámica de las generaciones en las sociedades occidentales actuales.

Por no hablar de futuribles, sino de lo que -de hecho- está pasando, observa que la omnipresencia de las TIC’s le ha reportado a la llamada Generación Z muchas ventajas, bastantes de ellas inéditas en la historia de las humanidad.

La principal ventaja es el fácil -inmediato- acceso a la información, la cual, no obstante, en sí misma, adviértelo bien, no es todavía conocimiento, sino solo su "materia prima". No es verdad, como ahora dicen tanto, que el conocimiento esté en la Red. Éste resulta de la "metabolización intelectual" de la información.

Pero también le ha reportado inconvenientes, en absoluto despreciables, como por ejemplo el debilitamiento de la capacidad para el aprendizaje lógico verbal y para la comprensión de contenidos abstractos que en primera instancia ni devienen de la experimentación ni concluyen en la aplicación práctica.

 Seguramente sea cierto que sólo el 10% de lo que se aprende es mediante la lectura. Pero seguramente también sea cierto que hay aprendizajes que sólo son susceptibles de producirse por medio de la lectura. De ahí que sea probable que, quien renuncia a la lectura y peor aún se hace incapaz de practicarla, quede privado de esos aprendizajes que son improbables por otras vías.

Para los de la Generación Z y los de tu incipiente generación, el aprendizaje, para que vaya bien, ha de tener un sobresaliente sesgo práctico y una inmediata y concreta aplicación.

Y también ha de estar formulado con un lenguaje predominantemente audiovisual en el que el texto escrito es el prescindible y extravagante “adorno” del tráfago de imágenes que trepidante sucede ante los ojos en la “pantalla”.

Se equivocan los pedagogos cuando al nativo digital, que no sabe leer bien, le facilitan el aprendizaje proponiéndole otros "atajos de aprendizaje" que obvian el texto escrito por la dificultad que entraña, en lugar de favorecerles que culminen el proceso lectoescritor hasta alcanzar el nivel definitivo, el de la comprensión.

Que eres “nativo digital” -por cierto, últimamente, algunos especialistas (Prensky y Dans entre otros) andan a la "greña" tratando de definir qué sois los de vuestras jóvenes generaciones respecto al uso -¡la vivencia!- de las tecnologías- significa que estás creciendo entre “pantallas" hiperconectadas que siempre estuvieron contigo (o tú con ellas):



Pantallas” cuyo funcionamiento no depende de tus conocimientos de programación informática, sino de la simple destreza de tus dedos índice y pulgar.



Pantallas” con las cuales juegas, escuchas música, ves vídeos y accedes a las redes sociales en un espacio de relaciones humanas que es nuevo para tus mayores pero no para ti.



Pantallasen las cuales buscas un sinfín de información que siempre te resulta "intelectualmente gratis", es decir, las obtienes sin hacer apenas esfuerzo y que además no te ocupas de retener porque sabes dónde encontrarla.



Lo que, en general, le ha sucedido a la Generación Zno saben leer ni escribir bien!) no se debe repetir en tu naciente generación.

En los años setenta G. Steiner habló de la "palabra silenciada". Y antes McLuhan había decretado -más proféticamente aún- la muerte de la "cultura de la escritura" en favor de la "era de la iconosfera". La imagen de arriba es un apunte sarcástico de hasta dónde puede llegar la degradación y la reducción audiovisual de la palabra escrita.

Es absurdo pretender que tu generación, en el proceso de aprendizaje y enseñanza, le dé la espalda a las “pantallas”. Son parte de vuestro presente y más aún de vuestro futuro. Incluso llegará -no está a mucho tardar- el momento en el que la “pantalla” no se encuentre "ante" tus ojos, sino "en" tus propios ojos… Sin duda, la "singularidad" de la que Kurzwell habla, "está cerca".



Pero tampoco es absurdo el tratar de impedir que estas “pantallas” con su creciente y mareante “inteligencia” hagan de ti alguien cada vez con más "poder" y a la vez con menos "inteligencia" en uso.


La popularización de la "pantalla" todavía no ha hecho a la sociedad más inteligente, sino sólo más digital y tecnológicamente más poderosa. Hasta ahora, lo más que ha conseguido es la conversión de la contemporánea "sociedad de masas" en la recientísima "masa hipertecnologizada"; pero no la ampliación -por medio de la propia tecnología- de la "élite cultural" hasta la medida de la "sociedad de masas".

Gran parte de la tecnología que Sapiens había inventado hasta ahora lo ha suplido en el esfuerzo físico, permitiéndole una vida de indudable mayor confort. Lo cual ha sido, está siendo, excelente.

En cambio, en esta "segunda era de las máquinas", Sapiens corre el riesgo de que la tecnología además lo supla en el esfuerzo intelectual, dándose así la paradoja de que pantallas” cada vez más inteligentes hagan a Sapiens cada vez más “insapiens”. De un Sapiens tecnológicamente más "poderoso" no se sigue un Sapiens intelectualmente más "sapiens".


En adelante, sólo de la reducidísima élite de Sapiens que posea la creatividad y la ciencia necesarias para inventar la incesante tecnología que a la "masa hipertecnologizada" se le induce a necesitar en un no parar, se podrá decir que seguirá siendo más "sapiens" gracias a la "pantalla".

¿Homo digitalis? (el hombre digital). Sí, claro. Pero no, por ejemplo, a costa del Homo Legens (el hombre lector). He aquí una incontestable concreción de cómo la "pantalla" está haciendo al hombre de hoy más "poderoso" pero no más inteligente.

Tu generación, habida cuenta del deterioro lectoescritor que padece la precedente Generación Z, tiene que ser, ése es el reto de tus padres y educadores, tan digitalizada como alfabetizada. Lo uno y lo otro.


En un medio en el que la medida de un texto escrito son los 140 caracteres de Twitter, ningún Dostoievski habrá que escriba Crimen y Castigo, ningún Joyce que escriba Ulises, ningún Galdós que escriba Los episodios nacionales. 

El uso escolar de la “pantalla” -sobre el pupitre como natural herramienta de aprendizaje- no debe hacer de tu generación unos analfabetos funcionales a los que el texto escrito se les cae tanto del “papel” como de la “pantalla” porque la lectura ni les despierta interés ni les suscita afición... El problema no es el soporte, que nadie se llame a engaños, sino la comprensión.


El nativo digital descansa en la creencia primordial de que todo es audiovisualmente concebible, pensable, comunicable... Se trata, obviamente, de una falsa creencia. Igual que alguien privado de alguno de los cinco sentidos tiene un acceso limitado de la realidad, quien no lee padece en su aprendizaje privaciones no siempre compensables en un debate o en una práctica o en un turorial de Youtube... Lo más grave de la actual situación no es que se lea poco y malo, sino que para las nuevas generaciones (X, Y, Z...) el imperativo lector ha desaparecido. La lectura les es innecesaria.

Es precisamente por todo esto que advierto a los padres y educadores de tu naciente generación de lo responsable y cauteloso que hay que ser a la hora de proceder a la digitalización escolar del aprendizaje y de la enseñanza mientras el proceso de adquisición de la lectoescritura no esté efectivamente consolidado.


Cada vez es más plausible conjeturar la correlación entre el uso de la “pantalla” (en la que el lenguaje es hegemónicamente audiovisual) y el creciente analfabetismo funcional del alumno (escolar y extraescolarmente) digitalizado, que padece una llamativa dificultad para la comprensión escrita y la conversión de la información en conocimiento. Seguramente porque no siente la necesidad de hacerlo y porque se ve inducido a un excesivo uso de la memoria transactiva. Sin duda, es todo un reto para los Diseños Instruccionales de los Virtual Learning Environments que el triunfo evolutivo del Homo Digitalis no sea a costa de su más sapiens antepasado, el Homo Legens.

De hecho, en Enseñanza Primaria la transferencia digital del aprendizaje parece
-por ahora- preferible a su alocada transformación digital.

Se trata de que la "pantalla" hable el lenguaje escrito que hay que esforzarse en "leer", y no el lenguaje audiovisual que sólo hay que molestarse en "ver".


El principal órgano del pensamiento, decía A. Humboldt, es el lenguaje. Pero no es igual el pensamiento cuyo "lenguaje intelectual" es la imagen en incesante movimiento que aquel otro cuyo "lenguaje intelectual" es la palabra escrita.

Se trata de que la palabra escrita, que tecnológicamente está abusivamente silenciada para esta "masa hiperconectada", hable en la "pantalla" gracias a que los padres y educadores de los de tu incipiente generación la sepan hacer emigrar del "papel" a la "pantalla".



Está de moda decir que los alumnos aprendéis mejor “by doing”, haciendo cosas. En cambio, no está de moda explicar que esto -en no poca medida- es consecuencia de que os cuenta mucho aprender “by reading”, leyendo.

Ni tampoco está de moda admitir que esto es el efecto nocivo de vuestra nativa condición digital, que no está siendo correctamente educada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario