domingo, 6 de noviembre de 2016

Cuando el problema no son los niños, sino los padres. La dificultad de educar en una “sociedad abierta”.


No hace mucho unos padres me confesaban su creciente preocupación. No les acababan de gustar algunos de los amigos de su hijo, aunque se conocían desde pequeños. A lo cual les respondí que -en general- me parecían buenos niños… La madre, con agudeza, se apresuró a aclararme:



El problema no son los niños, sino sus padres, sus familias. Son buena gente. Pero, mi hijo, cuando va a sus casas a pasar una tarde o un fin de semana, no nos gusta cómo vuelve. No todo lo que esas familias permiten que sus hijos hagan y deshagan se aviene a lo que nosotros le tratamos de enseñar al nuestro.